Cultivos de invierno en el sudeste de Buenos Aires (Parte 2)

1 abril, 2018

Como ya indicamos en el envío anterior, este análisis se obtuvo sobre la base de 180 entrevistas realizadas por el Centro de Información Agropecuaria a productores de trigo y cebada del sudeste de la provincia de Buenos Aires, asesores técnicos y distribuidores.

Las enfermedades son limitantes de los rendimientos potenciales de trigo y cebada, con lo cual un buen control del cultivo evitará pérdidas importantes. Sin embargo, las condiciones climáticas que se dieron en esta última campaña generaron una mayor presión en EFC (Enfermedades de fin de ciclo) y por consiguiente el mo nitoreo fue el componente clave para el éxito sobre todo en cebada, que es un cultivo más vulnerable a las enfermedades.

Según Fidel Cortese, presidente del Centro Regional de Ingenieros Agrónomos de Tres Arroyos (CRIATA), las condiciones climáticas generaron “más enfermedades que lo habitual, con desarrollo de escaldadura y mancha en red en cebada y también varios ataques tempranos de royas en trigo, debido a las condiciones climáticas de alta humedad relativa y también de temperaturas. Hay alternancias de temperaturas, pero las medias son más altas de lo normal”-1.

Fig 1. Cantidad de pulverizaciones promedio campaña 17/18

1-“Una campaña con un clima que enferma”, La Voz del Pueblo, Tres Arroyos, 03/10/2017 (consultado en http://lavozdelpueblo.com.ar)

 

Curasemillas en trigo

En un primer paneo general, de los datos analizados se desprende que casi el 100% de las semillas se han tratado con curasemillas (92% en cebada y 87% en trigo). En cuanto a fungicidas foliares, los niveles de aplicación estuvieron parejos en alrededor del 90% de las hectáreas sembradas. Si bien la cebada suele demandar mayor protección que el trigo en términos de aplicaciones de fungicidas foliares, vemos en nuestro análisis que en la última campaña los porcentajes fueron parejos para ambos cultivos, justamente por las condiciones climáticas anteriormente mencionadas.

Finalmente, para graminicidas post-emergentes (tanto en trigo como en cebada) las aplicaciones oscilaron entre el 60% y el 66% de las hectáreas sembradas.

Fig 2. Principios activos más utilizados

 

Curasemillas en Cebada

El curado de semillas permite no sólo eliminar organismos patógenos preexistentes, sino también prevenir el ataque de patógenos del suelo y aumentar la protección de la calidad original de la semilla. Para ello, los profesionales aconsejan la combinación de distintos principios activos, complementando diferentes modos y mecanismos de acción sobre un mismo patógeno y permitiendo un control más eficaz.

No obstante, sobre 180 casos analizados de aplicación de curasemilla en trigo, podemos observar que lo que más predomina es el uso de una molécula aislada, el triazol(casi un 40%), dejando en segundo lugar a mezclas de estrobilurinas, triazoles y carboxamidas, entre otras, que permiten un mayor control y poseen un valor tecnológico agregado. Efectivamente, las carboxamidas son las moléculas más eficientes para el control en mezclas con estrobilurinas y/o triples mezclas con triazol.

Fig 3. Principios activos más utilizados

La introducción de nuevas moléculas con diferentes modos de acción en los tratamientos de semilla ha incrementado la eficacia de control de algunas enfermedades que se escapan al control de los curasemillas tradicionales, aumentan el espectro de acción y disminuyen el riesgo de generación de resistencia.

Por lo tanto, en cuanto a la cebada, al ser un cereal con mayor predisposición a enfermedades, vemos que los productos con los cuales los productores curan la semilla arrancan desde un escalón superior a una única aplicación de triazoles, siendo la mezcla de estrobilurina y triazol lo más utilizado (45%).

Fig 4. Fungicida foliar trigo

Principios activos mas utilizados

Como alternativa para mantener un cultivo sano y disminuir pérdidas de rendimiento generadas por las enfermedades, como la merma de peso y calidad de los granos cosechados, se vuelve necesaria una inversión en productos que posean un mayor espectro de control que los fungicidas tradicionales.

Por tal razón, podemos observar que en el caso de los fungicidas foliares para trigo la tendencia varía y lo más utilizado por nuestros entrevistados es la mezcla de estrobilurina y triazol (67%), ya que para un control eficiente en trigo no es suficiente solo este último principio activo. En el segundo lugar de las preferencias, pero muy lejos en porcentaje (12.4%), fue mencionada la triple mezcla de carboxamidas, estrobilurinas y triazoles, en lo que sería, según especialistas, la mejor opción del mercado en este momento.

Fig 5. Fungicida foliar cebada

Principios activos más utilizados

En cuanto a los fungicidas foliares aplicados en cebada vemos que la tendencia se repite, pero en este caso lo más utilizado es la triple mezcla (54%) y en segundo lugar la de estrobilurina y triazol (34%). Se torna evidente que en cebada la estrategia de manejo más efectiva sería el uso de carboxamidas.

 

Conclusiones

A partir de los resultados obtenidos, estamos en condiciones de afirmar que los productores entrevistados tienden a invertir en productos de mayor eficiencia y control dentro del rubro fungicidas foliares, mientras que para curasemillas se sitúan en productos que se encuentran un escalón más abajo.

Sin lugar a duda, la semilla es la base del cultivo y un importante factor de la productividad. Justamente por ese motivo un cultivo debe iniciarse con una semilla curada en forma efectiva. Habría que indagar entonces si la tecnología que se utiliza actualmente, según nuestros entrevistados, les alcanza para el propósito, de tal manera que no se justifique una mayor inversión en productos más costosos y de mayor control, como la triple mezcla. Caso contrario, habría que analizar los motivos que determinan este escenario.

Según los especialistas, los fungicidas foliares más modernos, formulados con la triple mezcla conformada por un triazol, una estrobilurina y una carboxamida, permiten combinar los efectos preventivos de las dos últimas con el efecto curativo de los triazoles. Por otro lado, también reducen el riesgo de resistencia de los hongos a las estrobilurinas y carboxamidas, se mejora el rinde y proveen una mayor residualidad, siendo superior incluso a las mezclas de estrobilurinas y triazoles.

Mediante esta mezcla se ha logrado aumentar, no sólo el espectro de acción sino también el período de protección. Actualmente, los profesionales recomiendan estos productos ya que el uso de triazoles o de estrobilurinas en forma individual han demostrado una pérdida de efectividad para el control de algunas enfermedades o, inclusive, han generado resistencia. Sin embargo, estas tecnologías todavía no son las más populares, especialmente en el caso del trigo, por lo que nuevamente habrá que pensar qué aspectos son los que llevan a esta situación.

Podemos ver, entonces, que la tendencia en productos fungicidas, sean curasemillas o foliares, está yendo hacia el lado de las triples mezclas, proponiendo una vía segura y efectiva de control. No obstante, cabe destacar también que siempre es recomendable rotar a la familia de productos. Si un productor pasara a usar siempre una triple mezcla, aumentarían las chances de que se generen resistencias a la tecnología y se genere una mayor presión de selección a las enfermedades.

Como conclusión a todo lo expuesto, podemos también agregar que el monitoreo constante es un elemento de importancia para realizar un diagnóstico oportuno, además de conocer el comportamiento sanitario de los cultivos, considerar las expectativas de rinde o estadios críticos de definición del rendimiento y umbrales de control.